Mundo de ficçãoIniciar sessãoLorena estaba acostada en su cama arropada con gruesas sábanas para intentar calmar los escalofríos que la azotaban en aquel momento.
Su madre se sentó en la cama y tocó la frente de la joven.
—Dios mío, esa fiebre nada que se le baja a esta niña —soltó preocupada—. ¡Ay, pero ¿cómo se te ocurre dejar que te cayera esa lluvia cuando sabes que con nada te enfermas?!
La señora Camil







