Capítulo ochenta y dos. ¡La han secuestrado!
Ryan miró a Natalia y su corazón se estremeció cuando su pequeña bebé estiró sus manitas para que él pudiera tomarla en brazos.
—Pa-pá —pronunció la pequeña Natalia.
Las lágrimas se desbordaron por las mejillas de Ryan, esta era la primera vez que su niña completaba aquella hermosa palabra.
—Mi pedacito de cielo —susurró Ryan antes de cogerla en brazos y darle un beso en la frente. Él la meció entre sus brazos, miró el reloj y se dio cuenta de que apenas eran las siete de la mañana, por lo que