Capítulo ochenta y tres. Una dirección
Ryan sostuvo el cuerpo de Emma antes de que cayera al piso, la llevó hasta el sillón y dejó que las enfermeras le prestaran los primeros auxilios.
—Quédate con ella, Nat, y por favor no la dejes sola —pidió con el corazón hecho pedazos. No quería dejar a Emma sola, pero tampoco estaba dispuesto a quedarse y darle tiempo a quien se llevó a su hija de escapar.
Ryan salió corriendo por el pasillo, se fijó en las cámaras de seguridad y corrió al cuarto de controles.
—¿Señor? —el hombre de seguridad