Mike continúo rociando gasolina sobre ella, Adriana intentó soltarse, el aroma que emanaba aquel líquido junto con la viscosidad de este la tenían completamente alterada.
La mirada de Mike era endemoniada, como si por fin estuviera cumpliendo con un deseo que había pospuesto durante mucho tiempo.
—Me arruinaste la maldita existencia —gruñó lanzando el frasco vacío a un costado mientras buscaba otro para destapar y echarle más—. Después de esto, nadie se va a acordar de ti… ni de todas la mier