Las mujeres sonríen al ver que lograron su objetivo, uno los guardas les dice que salgan. Todo tiene que parecer una pelea clandestina.
Adriana pone una de sus manos sobre el hombro dándose cuenta que no es una gran cantidad de sangre la que está saliendo. Observando como ellas salen y notando que esto solo fue una advertencia.
Ella camina hasta la reja en donde sigue aquel hombre allí custodiándola. Él la mira mostrando una total indiferencia.
—Necesito que me hagan una curación sobre esto,