—Nos vemos de nuevo —la recibe Elizabeth, con esa misma sonrisa radiante y calmada —¿Quiere que te brinde algo de tomar?.
—No. Estoy bien así, gracias, seré breve —se sienta en frente de ella —veo que estás ansiosa.
—Un poco, sí —suspira pesadamente —¿Ya te has decidido, niñera?.
—Te diré todo lo que quieras —declara por fin, a lo que Elizabeth sonríe satisfecha—pero tienes que devolverme la residencia para mis hijos, tú misma lo dijiste, estoy tomando un gran riesgo.
—Lo dije, y lo sostengo