Esos pequeños labios carmesí se curvan en una gran sonrisa al ver la silueta del chico de mal humor que viene a lo lejos. Su figura se postula en la misma dirección del sol mostrando a un chico de cabello color negro en forma de cuaderno, acompañando ese rostro de niño rico y malcriado con esos ojos de similitud ámbar casi semejantes al dorado.
—¡Llegaste! —la niña se abalanza sobre él para darle un abrazo —te estaba esperando.
Elizabeth sonreía felizmente mirando hacia arriba para encontrars