PUNTO DE VISTA DE CASSANDRA
Su sonrisa era tan inocente que mi corazón se derritió en pulpa. No podía enfadarme; al fin y al cabo, yo fui la que irrumpió en su habitación y lo vi desnudo. Técnicamente lo acosé al agarrar... mm... carraspeé mentalmente.
Estaba tosiendo fuerte, aferrándome al borde de la mesa. La comida me había ido por el camino equivocado gracias a él. «Perdón, ¿te asusté...?», el culpable se levantó y me acercó el vaso de agua mientras me frotaba la espalda.
Quise fulminarlo c