PUNTO DE VISTA DE CASSANDRA
Su sonrisa era tan inocente que mi corazón se derritió en pulpa. No podía enfadarme; al fin y al cabo, yo fui la que irrumpió en su habitación y lo vi desnudo. Técnicamente lo acosé al agarrar... mm... carraspeé mentalmente.
Estaba tosiendo fuerte, aferrándome al borde de la mesa. La comida me había ido por el camino equivocado gracias a él. «Perdón, ¿te asusté...?», el culpable se levantó y me acercó el vaso de agua mientras me frotaba la espalda.
Quise fulminarlo con la mirada si no estuviera ocupada intentando no ahogarme hasta la muerte. Su gran palma en mi espalda era reconfortante.
Acepté el agua y me aferré a ella solo para atragantarme de nuevo. «Despacio y constante. Tómatelo con calma...», me urgió. La tos finalmente cesó.
Miré a Alaric, tomándome un momento para observar su apariencia. Se había cambiado de ropa: una camisa de cuello alto beige combinada con pantalones negros. Su cabello aún estaba húmedo y ligeramente despeinado hacia un lado.
Aú