Hay gente que se casa por amor y recibe menos.
La cafetería olía a pan recién horneado, café caro y a esa falsa sensación de normalidad que Esmeralda llevaba días sin sentir.
La música suave parecía empeñada en convencer a todos de que la vida era sencilla.
La suya, evidentemente, no había recibido el aviso.
Leo ya estaba sentado en la mesa del fondo cuando ella llegó, con los brazos cruzados y esa expresión de estoy enfadado, pero más preocupado todavía. Nadia, a su lado,