Me vas a volver loco, Esmeralda.
Jason se quedó inmóvil.
La taza permaneció entre sus dedos, suspendida a pocos centímetros de la isla, mientras algo oscuro cruzaba por sus ojos. No era indiferencia. Tampoco arrepentimiento.
Parecía culpa.
O quizá frustración.
La emoción desapareció tan rápido que Esmeralda no tuvo tiempo de identificarla antes de que l