Cada vez lo detesto más.
Esmeralda Rivera no se consideraba una mujer fácil de impresionar.
Mucho menos fácil de convencer.
Si algo había aprendido en el mundo empresarial era que detrás de cada trato brillante siempre había una cláusula pequeña esperando para morder.
Y Jason Russel, por lo visto, venía con cláusula incluida.
Literalmente.
Se sentó fren