—¡No sé nada! —recalcó Isis con profunda seriedad—, de seguro tu querida esposa con los antecedentes que tiene, se encontró otro. —Sonrió con cinismo.
Gerald apretó los puños, inhaló profundo disimulando su molestia.
—Piénsalo —expresó y se retiró del lugar.
Gerald salió de aquella oficina, molesto, resopló y enseguida fue por su hermano a casa, ante la ley Jeremy era un Lennox, además el pequeño no tenía la culpa de los errores de su madre.
Cuando llegó a la residencia, el niño apareció