—¡Más fuerte! —exclamó en medio de gemidos Myriam. Se hallaba empotrada contra la pared de una de las bodegas con su vestido levantado hasta la cintura, y el miembro de su esposo causando estragos en su interior.
Gerald la sostenía por las caderas, mientras las piernas de Myriam lo abrazaban, la escuchó clamar por más, y ladeó los labios.
—¿Vas a cocinar? —indagó él, deteniendo el ritmo de sus embestidas.
Myriam sacudió su cabeza desconcertada, jadeó casi sollozante cuando él se detuvo.