Los labios de Myriam se abrieron en una gran O, y su corazón empezó a palpitar.
—¿Está bromeando? —indagó, pues sus jefes, aunque eran buenos, también se caracterizaban por ser muy tacaños.
La mujer al otro lado de la línea carcajeó.
—Entiendo que esto es nuevo para usted, pero con la nueva administración las cosas van a cambiar —explicó—, esperamos la pronta recuperación de Anthony, y tu regreso a la naviera.
Los labios de Myriam temblaron de la impresión, y de sus ojos un gran torrente de