—Mami —frunzo el ceño con molestia ante el llamado, más por la luz que ilumina mi rostro que por otra cosa—, ¿cuándo vas a despertar?.
Una pequeña mano fría sostiene la mía, acariciándola y jugando con mis dedos. Abro lentamente los párpados, sintiendo como si estuvieran hechos de cemento, mientras mis ojos intentan adaptarse a la iluminación de la habitación.
—¿Qué...? —gesticulo al sentir una punzada de dolor en mi cabeza, que amenaza con explotar.
—¡Mami! —la voz de Joel chilla a mi lado, af