El sudor resbala por mi frente y mis sienes palpitan al abrir los ojos. Mis iris conectan con el techo y me incorporo instintivamente, como si la sábana bajo mi espalda quemara. Recorro el lugar con mis orbes temblorosos y me percato de que estoy en la cama de Benjamin. Recuerdo haberme quedado dormida mientras hablaba con Joel en el suelo. Él se había rendido en mi regazo.
Nunca antes había dudado de mi propia existencia hasta ahora. No cabe duda de lo que me está sucediendo, de lo que he esta