[...]
—Saquen a esta mujer de mi vista.
Me quedo de piedra frente a su cama, atónita. El que se supone que es mi esposo me está echando de su habitación ahora mismo, cuando yo ni siquiera quería venir aquí en primer lugar. ¿Qué le pasa?.
Está sentado en la cama, sus ojos dorados y feroces fijos en mí, mirándome con una frialdad que me hiela la sangre.
—Hijo —el hombre con el bastón se acerca y se sitúa a mi lado—. Es tu esposa.
Tanto él como yo nos quedamos mirando con la misma expresión de des