Nevaeh me sigue mirando como si estuviera loco. Lo que acabo de decirle parecería irracional para cualquiera, considerando cómo la he tratado, pero si alguien se pusiera en mis zapatos, entendería las razones detrás de mis acciones.
—¿Qué... acabas de decir? —me empuja suavemente en el pecho, haciendo una mueca de dolor—. Tú no me amas, ¿por qué sufrirías?.
—Escucha, eso no es importante ahora. Debemos consumar el matrimonio —insisto, pero ella frunce el ceño con molestia y confusión—. No hay t