CAPÍTULO 4

POV DAMIÁN.

Cuando me preguntan a qué se debe mi éxito.

Simplemente, respondo que es gracias a mis buenas decisiones. Me jacto de ser un hombre que piensa cada detalle de su vida y que solo asume los riesgos necesarios.

Mi carrera la he construido con trabajo y mi imagen impecable me ha abierto puertas. Comencé en esto como modelo, pero mi sueño siempre ha sido conquistar Hollywood. Desde que soy un niño, mi meta era aparecer en una pantalla.

Mis primeros trabajos me dieron la experiencia para saber que quería hacer dentro de la industria plagada de aves de rapiña, que únicamente esperan la caída de alguno para ellos subsistir. Sí, es un mundo salvaje, pero cada papel que interpreto lo hago como si fuera el último. Mi trabajo es todo.

Por eso, cuando recibí el llamado para un casting que se llevaría en las vegas no lo pensé, hice mi maleta y partí. La última película había sido difícil para mí.

Zane me insistió en que era una excelente oportunidad, pero jamás imagine que el papel de playboy me encasillaría en la industria. Desde que la película salió, todos los papeles que me han propuesto son sobre lo mismo.

¿Es lo que quiero?

Por supuesto que no. Me fui a las vegas con la intención de obtener el protagónico de la próxima película de acción producida por universal. No esperaba regresar casado con la novia de un cantante de Country.

Ahora, debo hacer lo posible para que mi imagen no se dañe más de lo que está. Así eso suponga negociar con mi ahora esposa, que no es una perita en dulce.

¡Joder!

La mujer tiene la lengua suelta y no depara en decir lo que piensa, de esta manera puso en su lugar a Zane.

Cara Miller.

Mi esposa.

Es una mujer hermosa que me encanto desde que la vi en la pista de baile del club en las vegas. La mujer tiene curvas hermosas, pude deleitarme con la sensualidad de sus movimientos. Sabía que no debía acercarme. Es el tipo de mujer que grita peligro, pero no escuche mi cabeza.

Entonces, no me queda más que negociar con esta mujer y tratar de salir lo mejor parado posible.

—¿Dime cuanto quieres para no pedir el divorcio? —suelto y ella me da una mirada mordaz. Creo que fui muy directo.

—¿Qué te hace suponer que solo quiero dinero? —responde lentamente en tono frío.

Está sentada en uno de los sofás de mi salón y parece tan cansada como lo estoy yo. Lo más triste es que es debido a la resaca que ambos llevamos, ni siquiera por haber pasado una noche de sexo desenfrenado. Por lo que vi, ambos caímos como troncos al tocar la cama.

Me froto el rostro con ambas manos antes de continuar.

—Bueno, pongámoslo de esta manera—comienzo—Estás acostumbrada al estilo de vida que Lucas te daba y ya no están juntos. Lo que quiere decir, que tienes que trabajar —me encojo de hombros

Ella se endereza echando chispas.

—¿Y quién te dijo que era una mantenida? —sisea— Si bien vivía con Lucas y siempre estábamos juntos, yo gano mi propio dinero.

—¿A qué te dedicas?

—No es asunto tuyo —escupe—Lo que yo haga para vivir no es de tu incumbencia —Tiene razón, peor solo me falta investigar un poco y lo sabré.

Lo que me lleva a lo siguiente. Me casé con ella sin un contrato prematrimonial.

¡Maldita sea! No es de extrañar que Zane esté cabreado por todo.

Me siento frente a ella en uno de los sofás grandes y cómodos.

—Entonces ¿Qué quieres para no pedir el divorcio y hundirme en un escándalo mayor? —me sincero— Sé que estás herida por lo que ha sucedido con tu ex y que estabas por casarte —suspiro— Lo siento, pero necesito que esto no sea un matrimonio de unas pocas horas.

—Lo superaras —se encoge de hombros poniéndose en pie.

Me levanto y llego hasta ella.

—Te doy la oportunidad de demostrarles al idiota de tu novio que no te afecto en nada lo que te hizo—resopla y mira a otro lado—Te prometo que al término de nuestro matrimonio saldrás bien librada.

Veo la duda en su rostro y una parte de mí, tiene la esperanza de que esté pensando seriamente aceptar ayudarme.

—¿De cuánto tiempo estaríamos hablando? —entrecierra los ojos.

—Un año.

La carcajada cínica que brota de su garganta me irrita.

—¡Estás mal! —dice una vez que se calma—te doy tres meses.

—No —niego— Es muy poco, por lo menos ocho meses— niega.

—Seis meses y es mi última oferta—Se aleja—Tómala o déjala, Anderson.

Apretó mis manos en puño.

¿Puede ser esto peor?

No lo creo.

—Seis meses— asiento sin otra alternativa— Necesitamos hablar con Zane y preparar un comunicado que salga al final de la tarde.

—Me parece justo

—¿Por qué aceptas? —No puedo quedarme con la duda.

—Compasión— se encoge de hombros antes de salir del salón y tomar el mismo camino que Zane tomo hace unos minutos.

¿Compasión?

Si, puede ser peor.

Entramos a mi oficina donde Zane espera. El hombre es un amigo además de ser mi representante. Siempre nos hemos dicho la verdad a la cara. También es uno de los mejores en la industria actualmente. Junto a él, mi carrera ha despegado.

—Veo que ya han hablado— me mira con interés. Asiento. Desvía la mirada hasta Cara que toma asiento frente al escritorio mirando directamente a Zane—Quiero ofrecerte una disculpa por el comienzo accidentado que tuvimos.

—Agradezco tus disculpas—asiente antes de mirar alrededor mirando con detalle los póster de mis películas y de las campañas de las cuales fui imagen.

También hay algunos premios que he recibido. Sin embargo, tengo dos premios que me han sido esquivos. Un Golden globe y el anhelado Óscar. Pero estoy seguro de que mi momento llegara, solo no debo rendirme.

—¿Damián? —la voz de Zane me saca de mis pensamientos —El comunicado.

—Sí. Creo que ambos debemos aclarar los puntos sin tanto rodeo— miro a Cara que asiente antes de mirar a Zane.

—Cuando conocí a Damián ya no estaba en una relación con Lucas —él, la mira sin creerle —Lucas me había estado engañando desde hace meses con Brenda, su asistente y no quería casarse conmigo.

—Te dejo.

Miro mal a Zane.

—Si —su tono no demuestra emoción—Si quieres escribirlo en tu comunicado, no me opondré.

—Bien porque esto será muy bueno. El representante de Lucas posteo que su cliente estaba mi destrozado.

—Lo sé —dice Cara— Lo leí —admite con disgusto— Martín es un idiota. De hecho, él sabía que Lucas me engañaba, pero por proteger a su cliente me lo ocultaron.

—Hay algo que no entiendo— Dice— ¿Qué más da, si te dejaba o no? —también la idea me ronda la cabeza.

—No voy a hablar sobre eso —dice en tono tajante. Lo que me hace creer firmemente que existe algo que ellos dos ocultaban. Pero ¿Qué? Nuestras miradas se encuentran —Recuerda que esta noche iremos por mis cosas.

—No considero que sea prudente —interviene Zane.

—Ya se lo dije a Damián. Iré si o si —se inclina hacia afuera— Depende de él si quiere ir conmigo o no.

—Eres obstinada—resoplo ante el comentario de Zane que me mira— Creo que saldremos de esta —comenta en tono divertido.

Eso mismo espero yo.

****/****

Esta hecho.

Al finalizar la tarde, el comunicado de prensa ya es público.

El mismo solo nos hace ver como dos personas que se conectaron. También aclaro que no tengo una relación con Bella, mi coestrella y que tampoco soy el tercero en discordia, ya que Cara y Lucas no están junto debidos la infidelidad de este con su asistente. Los cuales llevaban meses engañándola.

El comunicado es claro y preciso.

Cuando Zane se marchó, lo hizo más tranquilo de lo que llego. Al quedar solos, Cara me recordó que debíamos ir a un lugar. Así que ahora estamos camino a Santa Mónica en mi Aston Martin con Cara a mi lado que va sumida en sus pensamientos.

Como le había dicho. En estas horas de la noche, pudimos salir de mi casa sin ser vistos y hasta ahora, nadie nos sigue. También es bueno que Lucas esté en nevada. De esta manera ningún paparazzi estará rondando en la zona.

El GPS me indica que estamos por llegar a la dirección que Cara me dio y al final de la calle, encuentro una casa con vistas al valle de Santa Mónica. La propiedad tiene un estilo bohemio y es de buen tamaño. No se me hace difícil ver a Cara viviendo aquí.

—Si no te importa. Me gustaría entrar sola—murmura mirando la propiedad frente a nosotros. Por mí está bien, así que asiento. Apago el motor y ella baja del auto.

La veo caminar a paso decidido, no sin perder de vista su entorno. Quiere evitar que alguien la vea entrar.

El sonido del móvil llena el silencio dentro de mi auto, tomo el teléfono para ver que es mi madre llamándome por millonésima vez. Así que, respiro profundo y contesto la llamada.

—Hola mamá— saludo.

—¡Damián Anderson! ¿Se puede saber por qué no me contestas las llamadas? —el tono dramático es tan conocido para mí, que no me inmuto ante sus quejidos.

—Estaba ocupado…

—Con tu esposa ¿Cierto? —me corta y escucho un ligero llanto —Me has dado un gran disgusto Damián —sigue gimoteando— No entiendo en que he fallado como madre—ruedo los ojos— Te di lo mejor. Podías haber conseguido a alguien excepcional.

Mamá.

—Pero no. ¡El decidido casarse con una pueblerina! —bufa con auténtico disgusto.

—Por esto no te respondí las llamadas. Te conozco y sé que estás furiosa.

—¡Furiosa es poco! —exclama— Tu padre y yo hemos dedicado nuestras vidas para que seas un hombre exitoso y nos haces esto.

—¿Por qué mejor no nos vemos mañana para desayunar y hablamos? —sugiero sin perder de vista la puerta para cerciorarme que Cara no viene de regreso.

—No tan temprano—dice al fin— recuerda que tengo mi clase de yoga a primera hora.

—Está bien mamá. Tengo que dejarte —anuncio cuando veo a Cara regresar con una maleta y lo que parece una funda de guitarra colgada en el hombro—Saludos a papá —Cuelgo sin esperar respuesta.

La veo detenerse sobre la mitad del camino y se agacha con lo que parece un plato, para después prenderle fuego a algo que lleva en sus manos. La luz que el fuego proporciona, ilumina su rostro y veo la sonrisa de satisfacción.

Cuando el fuego se acaba ella se pone en pie y toma el plato con las cenizas y lo deja en la entrada antes de regresar a paso ligero. Me bajo y tomo su maleta cuando llega hasta mí.

—Puedes decirme que hiciste allí—señalo la puerta con interés mientras guardo en la parte de atrás de mi coche la maleta.

—Tuve mi pequeña venganza—se encoge de hombros. La miro sin entender—Lucas es un aficionado a los comics —ladea la cabeza y me tiende la funda de guitarra—Digamos que tomé su preferido. Además, el más costoso y lo hice cenizas.

—Pobre diablo —niego sintiendo algo de pena por el hombre.

—¿Nos vamos? —inquiere rodeando el auto.

Creo que Cara Miller es muy diferente a cualquier mujer que he conocido antes.

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