Dejo mi maleta en la entrada del búlgaro que mi amiga asigno para Vladimir y yo. La brisa del mar me calma como de costumbre y sonrió ante la magnífica vista. El búlgaro me da la oportunidad de nadar un rato y como Vladimir no llegara hasta dentro de unas horas, puedo aprovechar el sol de Bahamas.
Camino por el acogedor espacio que consta de una pequeña sala de estar, más allá hay una barra y verifico que hay un pequeño lavaplatos, un microondas, refrigerador y una neZaria de vinos que gracias