Acostada en la cama en medio de la oscuridad miro el techo de la habitación. Después de llegar de casa de Gary me derrumbé y Damián lo vio.
Me siento patética. Y, sobre todo, mortificada de que presenciara mi catarsis. Damián fue un hombro en el que llorar de manera literal. A estas alturas lo más conveniente sería irme de aquí y comenzar desde cero. Pero hay algo desconocido que no me deja irme.
Miro a un lado y veo la hora. Son las nueve de la noche, necesito una Advil y un vaso de agua, así