Lyla
Sonrío cuando nos bajamos del taxi porque tenía mucho que no salía a hurtadillas. ¡Dios! Al mismo tiempo me preocupo por lo que vaya a hacer Emilio, lo que si sé, es que no me dejaré encerrar de nuevo.
¡Joder! Eso no.
La música suena tan alto, que sé que para hablar y entendernos, debemos prácticamente gritarnos en el oído
—¡Me encanta tu cuñada!— mi amiga la mira y yo también, la verdad es que si, me encanta lo aventurera que es y lo arriesgada que puede ser. A pesar de que solo ti