Lyla
Cuando salgo del despacho, y se que debo enfrentarme a mi esposo, me voy por el pasillo de dónde vine. Si no tengo cuidado terminaré perdiéndome, veo a mi esposo apoyado en una de las puertas del pasillo sin nada más que unos pantalones deportivos grises que me hacen botar la baba.
—Ven— me llama con dos dedos y su postura lo hace ver bastante sexy. No lo pienso y camino hasta él, cuando me paro en frente, me toma de la cintura y une sus labios con los míos.
No lo negaré, lo deseo, pe