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No le tomó mucho tiempo llegar finalmente a su casa. Podía ver la luz encendida en la sala de estar, pero en cuanto abrió la puerta, el silencio la envolvió, excepto por Carl, que gimoteaba mientras movía la cola con entusiasmo.
Sus ojos se dirigieron automáticamente hacia la mesa del comedor, donde vio que la comida que había preparado antes seguía intacta.
Maya caminó lentamente hacia la mesa del comedor, tomó el plato y lo calentó en el microondas.
Aunque no tenía apetito, sabía que debía co