.55.
Los días pasaban y, cuanto más tiempo compartía con Maya, más sentía que empezaba a conocerla de verdad.
Y lo cierto era que no sabía nada de ella.
Desde el día en que perdió a la mujer que había amado toda su vida, había odiado a Maya con cada fibra de su ser.
Pero ahora…
No podía seguir engañándose.
Algo dentro de él estaba cambiando.
Una voz lo sacó abruptamente de sus pensamientos.
—¿Tengo algo en la cara? —preguntó Maya, con el ceño ligeramente fruncido, mientras se tocaba el rostro, busca