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La ira lo consumía. Sus pensamientos se agolpaban en su cabeza, llenándolo de furia. Estaba convencido de que Maya estaba comenzando a mover sus piezas para controlarlo, pero él no lo permitiría.
Si quería una batalla, él se la daría.
Se aseguraría de que se arrepintiera del día en que permitió que se casaran.
Pulsó el botón de cierre de su llave y entró en el edificio, dirigiéndose al lugar donde Maya la esperaba.
Maya se abofeteó.
—¿Soy realmente yo? —murmuró—. ¿De dónde vinieron todas esas p