Ante la acción que tomó Dante, Santino se alteró demasiado, se encontraba desesperado y no era para menos, al observar como su amada sufría al estar en las manos de Dante, Emma rompió en llanto al haber sido tomada a la fuerza.
—¡Ey te exijo que la sueltes! —exclamó con fuerza Santino, quien llevó la mano hasta la parte de atrás de su cintura y en medio de la desesperación tomó la pistola y apuntó directo a la cabeza de Dante.
—¡Quieto Santino!, te ordeno que bajes ya la puta arma —gritó Enzo