Cada quien en su lugar

Mientras que Dante disfrutaba su victoria al conseguir que Santino diera marcha atrás y permitiera que se pudiera llevar a su esposa tranquilamente, él soltó una sonora carcajada haciendo sentir a Santino insignificante.

—Has tomado una buena decisión, estúpidamente te crees el dueño de mi esposa y te juro que la vas a pagar muy caro por su atrevimiento —aseguró Dante mirando de la peor manera a Santino.

»¿Por este insignificante hombre te marchaste de mi lado y dices amar con todas tus fuerzas
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