-Así que era cierto- exclamó soltando con brusquedad la remera de su esposa.
-Dionisio…- sollozó cubriendo su barriga con la tela de su prenda y con ambas manos, protengiendo a su hijo de su esposo. Podía golpearla lo que quisiera en el rostro, pero no en su panza.
-¿De vuelta Selene? Eres una puta- escupió con desprecio, observándola desde lo alto.
Selene se arrastró lejos de Dionisio, pero él fue más rapido y la tomó del brazo, levantándola del suelo de un solo tirón. Estaba rojo, no sol