Solo soy tuya, iceberg.
Luciana salió temprano de la empresa, sintiendo el cansancio acumulado de la jornada. Después de enviarle un mensaje rápido a su padre, se dirigió al estacionamiento. Cuando llegó, se encontró con Peter, quien estaba de pie junto a su coche, con una expresión de disculpa.
—Lu, qué pena, pero... ¿podrías llevarme nuevamente a mi casa? —preguntó Peter, su tono inseguro.
Luciana vaciló, sintiendo una incomodidad creciente. No quería quedar mal con Peter, pero también sabía que aceptar su petic