Elizabeth Romano.
El ambiente en la habitación del hospital está cargado de emociones intensas. La luz tenue filtra a través de las persianas, creando un contraste con la frialdad del equipo médico y la calidez que surge entre ellos.
—Creí que te había perdido —le digo mientras lo abrazo con fuerza, sintiendo su calidez reconfortante. Su aroma familiar y la sensación de su piel bajo mis manos me devuelven un poco de la tranquilidad perdida.
Rodrigo me rodea con sus brazos, envolviéndome en un