Me despertaron los rayos del sol y salí de la cama con mucho cuidado, intentando no despertar a los gemelos, quienes dormían tranquilamente.
Me dirigí a la cocina, donde Ro estaba tomando café. Me senté en sus piernas y le di un beso en los labios, el cual él correspondió.
—¿Y mi suegra? —pregunté, acurrucándome en su regazo.
—Tenía una reunión con sus amigas, y tu madre se fue unos días a ayudar a tu madrina con unos asuntos —respondió él, acariciándome el cabello.
—Entonces, estamos solo