22. Cena real
Se había negado tajantemente a volver a cambiarse de ropa.
«Qué afán el suyo de querer que vista más de diez atuendos en un solo día», pensó con frustración Anastasia.
Se sentía agobiada y cansada. No dejaban de decirle qué ponerse y con qué frecuencia. Un traje o vestido diferente para cada ocasión la hacía sentir como un maniquí en exhibición.
Esa noche, le tocaba bajar y cenar con todos en la mesa. El rey había solicitado la presencia de toda la familia, y como dictaba el protocolo, Anastasi