Alexis:
La puerta del despacho se abrió de golpe, dándole paso a una Milia obviamente enfurecida.
Su rostro estaba rojo de rabia y en su mano traía un cuchillo ensangrentado.
—¡¿Desde cuando lo sabes?!
Contemplé a mi hermana en silencio, notando lo rápida de su respiración y lo fuerte que agarraba el mango del cuchillo en su mano.
—¿La mataste?
Reacciona, arrugando su entrecejo, mirándome a través de sus pestañas.
—¿Le ordenaste tener sexo conmigo?
—Yo pregunté primero.
—¡Responde, maldito hijo