El pasado ya no importa.
POV DE BIANCA.
Dejo caer mi cuerpo en el fino y elegante sofá que adorna el despacho, varias lágrimas ruedan sin ser sentidas y van mojando las mejillas hasta llegar al borde del mentón. Sollozo en silencio mientras recuerdo la niñera en el despacho, Antón con un rostro de enojo y enrojecido, escena del momento en que llegó a la cocina recorren mi cabeza y, se con certeza que no vio el beso por qué no había nadie dentro, salvo que hubiera estado alguien en la alacena.
Limpio las últimas lágrima