Mientras la sujetaba con fuerza y la llevaba a rastras, escuchó una frágil voz de una mujer gritar el nombre de él.
—¡Antón! —detente —gritaba Cloe, que le había visto hace segundos atrás.
—Te están llamando —le dijo por si no había escuchado.
Él no dijo nada y siguió jalándole mientras la mujer tras ellos continuaba nombrándole. Cansada de su jaleo, Alexa se detuvo en seco, soltándose de su agarre.
—¿Qué haces? —preguntó molesto a la vez que la volvía a agarrar.
—Te están llamando, ¿por qué hu