Por la tarde, cuando Antón pasó por su casa a recoger la maleta, se llevó una gran sorpresa: su madre había vuelto y lo encontró saliendo de casa con una maleta.
—¿Dónde vas?
—Me voy de viaje, asuntos de negocios.
—Ya cumpliste con tu promesa. Han pasado dos semanas, en las cuales debiste intimar.
—Madre, te dije que no hablaría de eso contigo.
—Si te vas de viaje, te vas a ir con ella.
—No, no me voy con ella. Me iré con Cleo; me está esperando en el aeropuerto.
—No voy a permitir que cometas