**POV de Ava**
La visita a la clínica dejó un pesado silencio en el carro de regreso a casa. Ethan conducía con una mano en el volante y la otra apoyada en mi muslo, con el pulgar trazando círculos lentos y constantes, como si intentara calmarnos a los dos. Las palabras del médico seguían repitiéndose en mi cabeza: reposo estricto en cama, nada de estrés, monitoreo constante. El dolor en mi costado había cedido un poco después de la revisión, pero seguía ahí, una presión sorda y persistente que