Amanda nunca se había sentido tan visible.
Estaba sentada en el asiento trasero del sedán negro mientras avanzaba suavemente por la ciudad; cada farola cruzaba fugazmente su rostro como una acusación. Luca iba a su lado, en silencio, sereno, su presencia a la vez ancla y amenaza.
Ella era la carnada.
Y Jason mordería.
—Recuerda —dijo Luca con calma, la mirada al frente—, no improvises.
Ella tenía las manos fuertemente entrelazadas sobre el regazo.
—No lo haré.
—Sigue el guion —continuó—. El mie