Las manos de Rebecca se paralizaron y la nota se detuvo cuando las luces se apagaron.
La mujer casi rozó las teclas, pero entonces recordó que un solo error en aquel momento la hubiera acabado. Sabía que ante una situación así lo adecuado era dejar la pieza donde se había quedado antes de tocar un mal acorde. El murmullo de las personas no se hizo esperar sorprendidos ante la falta de electricidad. De inmediato, el maestro de ceremonias intentó calmar a todos.
—Eso sí que ha sido una terrible