Capítulo treinta. Cuerda floja
Cuerda floja
El sonido estrepitoso del vidrio rompiéndose hizo saltar a más de uno en la sala.
—¿Se puede saber qué diablos pretendes, Filipo? —Ennio no podía creer que su hijo, su único hijo varón, fuera tan idiota para pactar un acuerdo con Theo Basilios.
—Ya te lo he dicho, padre, anoche cerré un importante acuerdo con Basilio, es un negocio redondo por donde lo veas, Esteban Kyriaskis, ni siquiera contempló tu oferta, padre, —dijo, casi orgulloso de lo que había logrado.
Ennio gruño en res