Capítulo cuarenta y tres. Nunca dejé de amarte
Nunca dejé de amarte
Pilar se tensó como la cuerda de un violín al escuchar las palabras de Domenico, recordar a la mujer del cuadro era suficiente como para no querer conocer a la hermana, pero no podía juzgar a una por culpa de la otra. En todo caso ella solo quería recuperar a su hijo, ella necesitaba estrechar a Paolo entre sus brazos, ni siquiera podía explicarlo…
—De igual manera, quiero ir por mi hijo—dijo tajante—. Quiero a nuestro hijo en casa —añadió antes de continuar su camino.
Dome