Adrián Fontana.
No lograba contener mi rabia. La imagen de Álvaro besando a mi esposa ardía en mi mente, incrementando mi furia con cada segundo que pasaba. ¡Ese maldito miserable y mi esposa! No podía creer su traición.
Sin pensarlo dos veces, me dirigí a la habitación de Álvaro, movido por una mezcla de ira y despecho. Ahí estaba, la guitarra que él tanto ama, su tesoro más preciado. Recordé cuántas veces lo había escuchado tocarla, sintiendo orgullo por su talento, pero ahora solo sentía