Cuando Serenity vio que él seguía mirándola, colgó el teléfono, se levantó tras ella, se acercó y le dio otro beso en la frente.
En voz tierna, —Duérmete.—, dijo.
Luego, incapaz de resistirse, volvió a tocarle la frente.
—¿Tienes un termómetro? Te tomaré la temperatura, cómo puedo sentirme, aún tiene fiebre, con los líquidos y la medicación, no bajará la temperatura.
—Yo tampoco sé si hay un termómetro aquí.—Zachary dijo honestamente.
—Lo pediré en la enfermería.
Serenity cogió su teléfono y se