Dalia no se atrevió a decir ni una palabra y subió al coche.
Dos horas más tarde.
Dalia, que había recuperado su papel de hija menor de la familia Nuñez, subió las escaleras y llegó, jadeante, a la puerta de su residencia alquilada.
Sacó la llave y estaba a punto de abrir la puerta cuando la abrió de un tirón desde dentro.
Lo primero que pensó Dalia fue que había un ladrón, coño, cómo iba a ser ella el objetivo de un ladrón siendo tan pobre.
Después de ver claramente que la persona que abrió la