—No hay problema, no te meteré prisa ni te forzaré, piénsalo bien, aunque no me aceptes ahora, puedo esperarte. Creo que debe ser porque no he hecho lo suficiente.
—Intentaré hacerlo lo mejor posible hasta que logre que me gustes.
Quiana se rio y dijo: —No es que no seas lo suficientemente bueno, es sólo que, mientras yo te trato como un amigo, tú me tratas como un amante, y necesito tiempo para digerir esto. Se trata de mi felicidad de toda la vida, y tengo que pensarlo bien.
—Alejandro, no se