Isabela miró la cara roja e hinchada de su hermano y le preguntó: —¿Te ha pegado Dalia?
Thiago se tocó la cara y contestó: —Me dio una bofetada, pues, no importa. Dalia fuiste a ver a papá y mamá y se ha enterado de mi petición de que me dejen la fortuna familiar. Vino a ajustar cuentas conmigo.
—No le hagas caso. Ha sido mimada por papá y mamá, y si no tiene capaz de afrontar las dificultades por sí misma en la sociedad, nunca madurará.
Isabela acarició la cara roja e hinchada de su hermano y dijo con el corazón roto: —¡Qué loca! Tomás y Marisol la han educado tan mal. Miman a ella todo el tiempo pero no pueden protegerla para siempre es perjudicarla.
Así es como Dalia fue deteriorándose, poco a poco, por los mimos de sus padres.
Fue la culpa de sus padres.
—Ponte hielo en la cara. Te sentirás mejor.
—Ok.
Isabela y Thiago volvieron a la casa.
Por otro lado, Dalia llegó a la vivienda que había alquilado mientras maldecía algo en la boca. En cuanto abrió la puerta, se quedó helada.
Habí