Los perros que había en el patio trasero estaban libres por la noche y, como aún era temprano, el criado encargado aún no les había puesto la correa, por lo que salieron corriendo hacia la puerta al oír los gritos de Dalia.
Dalia estaba tan enfadada que quería derribar la puerta, pero cuando vio que los cuatro perros se lanzaban hacia ella, sintió tanto pánico que retrocedió y no se atrevió a gritar.
Parecía que esos perros la habían asustado mucho la última vez.
A Dalia le aterrorizaban esos pe