—No hables nunca más así de ti, no me gusta oírte decir eso.
—Bien, no diré eso. Soy muy buena, soy un hombre destaco.
Elisa afirmó orgullosa: —Claro que sí, los hombres que me enamoran tienen que ser sobresalientes.
Los dos estuvieron un rato mimados en la oficina y llegó el momento en que Elisa tuvo que marcharse.
Tenía una cita con un cliente para hablar de negocios.
Remy la acompañó fuera del despacho con mucha desgana.
Al verle en ese estado triste, Elisa se detuvo, se dio la vuelta y le di