Marisela le siguió a su esposo hasta la puerta de la casa. Alfonso, en cambio, le dio un ultimátum antes de subir al coche:
—Dile a Liliana. Si ella insiste en intervenir en el matrimonio de otra familia, romperé nuestra relación padre-hija.
A Marisela le sorprendió lo que dijo y no pudo decir ni una palabra hasta que su esposo se fue.
Volvió a la casa en silencio y descubrió a su hija llorando sentada en el sofá. Siendo su madre, sentía pena por ella, pero de todas maneras trató de convencerle